Cualquiera de las bellas carreteras secundarias de Galicia, que transcurren entre intensos verdes manchados por rebaños de vacas pastando, nos muestra la realidad de un territorio cuyos centros poblacionales, habitualmente pequeños, se encuentran muy alejados unos de otros. En algunos, pensamos mientras conducimos, parece que no habite un alma. Seguir leyendo , Traveler.es























