El teletrabajo y el miedo a otro confinamiento impulsan la búsqueda de casas más grandes lejos de los centros urbanos o en áreas rurales
Reservas en aldeas
Nada menos que diez casas en aldeas y pueblos españoles ha reservado Elvira Fafian, de la inmobiliaria Aldeas Abandonadas, durante el estado de alarma. “Es gente a la que le ha entrado mucha prisa, que quieren hacer un cambio inmediato, que saben que es ahora o nunca. Como no pueden visitar las casas porque no pueden desplazarse a otra provincia, las han reservado”, cuenta. Todos se han decantado por localizaciones rurales apartadas de núcleos habitados. “Tenemos un perito agrónomo de Valencia que ha reservado una casa en una aldea de Asturias”. Las viviendas demandadas son grandes y se mueven en torno a 160.000 euros.
El teléfono de algunos intermediarios inmobiliarios suena en estos días tan adversos con una petición: poner kilómetros de por medio para ganar metros cuadrados y calidad de vida. La idea de un confinamiento intermitente y, sobre todo, la implantación del teletrabajo en España que, en muchas empresas ha llegado para quedarse, han dado un empujón a la deslocalización residencial. Los urbanitas a la fuerza se rebelan. La crisis del coronavirus ha sido el último empujón que necesitaban estos propietarios para pensar en abandonar su piso en la gran ciudad y mudarse a un municipio más pequeño, o incluso a un pueblo, donde poder adquirir una vivienda mejor.
Reservas en aldeas
Nada menos que diez casas en aldeas y pueblos españoles ha reservado Elvira Fafian, de la inmobiliaria Aldeas Abandonadas, durante el estado de alarma. “Es gente a la que le ha entrado mucha prisa, que quieren hacer un cambio inmediato, que saben que es ahora o nunca. Como no pueden visitar las casas porque no pueden desplazarse a otra provincia, las han reservado”, cuenta. Todos se han decantado por localizaciones rurales apartadas de núcleos habitados. “Tenemos un perito agrónomo de Valencia que ha reservado una casa en una aldea de Asturias”. Las viviendas demandadas son grandes y se mueven en torno a 160.000 euros.
El teléfono de algunos intermediarios inmobiliarios suena en estos días tan adversos con una petición: poner kilómetros de por medio para ganar metros cuadrados y calidad de vida. La idea de un confinamiento intermitente y, sobre todo, la implantación del teletrabajo en España que, en muchas empresas ha llegado para quedarse, han dado un empujón a la deslocalización residencial. Los urbanitas a la fuerza se rebelan. La crisis del coronavirus ha sido el último empujón que necesitaban estos propietarios para pensar en abandonar su piso en la gran ciudad y mudarse a un municipio más pequeño, o incluso a un pueblo, donde poder adquirir una vivienda mejor. Seguir leyendo