Al mercado inmobiliario no solo han llegado casas de labranza abandonadas. Otro nicho de mercado en expansión es el que se refiere a la venta de pazos y casas señoriales. La Voz de Galicia

Al mercado inmobiliario no solo han llegado casas de labranza abandonadas. Otro nicho de mercado en expansión es el que se refiere a la venta de pazos y casas señoriales. Decenas de construcciones de este tipo se ofertan en Internet para tentar a los clientes de mayor poder adquisitivo. Otros, reconocen los agentes inmobiliarios, prefieren gestionar su enajenación con una mayor discreción, de tal manera que no se exhiben en los portales inmobiliarios, pero sí se enseñan a los clientes interesados. «Sobre todo en A Coruña y Lugo tenemos muchos pazos y casas históricas, y algunas no están colgadas en la web porque sus dueños lo prefieren», reconocen desde el sector.
Los motivos que llevan a sus propietarios a poner un pazo en venta son muy variados, pero también en el mundo del lujo parece haber hecho mella la crisis. «En algunos casos son personas mayores, que sus hijos no quieren continuar con la historia de la casa o del pazo. Hay muchos gastos y el perfil del que tiene un pazo suele ser bastante mayor. Algunos quieren venderlo para estar más cerca de la ciudad o de la familia, pero es verdad que más bien es por tema económico la mayoría».
En cuanto a los clientes, los pazos gallegos fascinan a muchos extranjeros, y en este caso la demanda se centra en inmuebles ya restaurados, listos para vivir: «Hay mucha gente que viene, coge su hotel, hacemos una ruta de un par de días o tres recorriendo veinte o treinta pazos, pero ya con expectativas de que se pueda vivir», explica Elvira Fafián. Mientras, «el cliente de aquí quiere cosas más asequibles, de 800.000, 600.000 euros, medio millón, y luego reformar alguna cosilla».
Además de los pazos, el sondeo de la oferta inmobiliaria saca también a la luz algunas edificaciones de interés histórico, incluso algunas catalogadas como BIC (bien de interés cultural).
Testigo de la revuelta Irmandiña
Es el caso, entre otros, de la Torre da Fortaleza de Sarria, un edificio de propiedad particular cuyos orígenes se remontan al siglo XII y parcialmente destruido durante las revueltas Irmandiñas. Incluido en la Lista Roja del Patrimonio, se puso a la venta hace unos años por 1,1 millones de euros, pero ahora su precio ha bajado notablemente, hasta los 750.000 euros.
Al igual que ocurría con las aldeas, las operaciones inmobiliarias en el caso de edificios históricos no suelen ser fáciles. A los problemas de titularidad se suman, en este caso, las normas de Patrimonio. La rehabilitación de este tipo de inmuebles tiene necesariamente que seguir unas rígidas pautas para que no pierdan su interés histórico. Pero, en ocasiones, estas restricciones no convencen a los compradores. «Algunas veces algún cliente se echa para atrás porque no puede hacer lo que quiere».
Al mercado inmobiliario no solo han llegado casas de labranza abandonadas. Otro nicho de mercado en expansión es el que se refiere a la venta de pazos y casas señoriales. Decenas de construcciones de este tipo se ofertan en Internet para tentar a los clientes de mayor poder adquisitivo. Otros, reconocen los agentes inmobiliarios, prefieren gestionar su enajenación con una mayor discreción, de tal manera que no se exhiben en los portales inmobiliarios, pero sí se enseñan a los clientes interesados. «Sobre todo en A Coruña y Lugo tenemos muchos pazos y casas históricas, y algunas no están colgadas en la web porque sus dueños lo prefieren», reconocen desde el sector.
Los motivos que llevan a sus propietarios a poner un pazo en venta son muy variados, pero también en el mundo del lujo parece haber hecho mella la crisis. «En algunos casos son personas mayores, que sus hijos no quieren continuar con la historia de la casa o del pazo. Hay muchos gastos y el perfil del que tiene un pazo suele ser bastante mayor. Algunos quieren venderlo para estar más cerca de la ciudad o de la familia, pero es verdad que más bien es por tema económico la mayoría».
En cuanto a los clientes, los pazos gallegos fascinan a muchos extranjeros, y en este caso la demanda se centra en inmuebles ya restaurados, listos para vivir: «Hay mucha gente que viene, coge su hotel, hacemos una ruta de un par de días o tres recorriendo veinte o treinta pazos, pero ya con expectativas de que se pueda vivir», explica Elvira Fafián. Mientras, «el cliente de aquí quiere cosas más asequibles, de 800.000, 600.000 euros, medio millón, y luego reformar alguna cosilla».
Además de los pazos, el sondeo de la oferta inmobiliaria saca también a la luz algunas edificaciones de interés histórico, incluso algunas catalogadas como BIC (bien de interés cultural).
Testigo de la revuelta Irmandiña
Es el caso, entre otros, de la Torre da Fortaleza de Sarria, un edificio de propiedad particular cuyos orígenes se remontan al siglo XII y parcialmente destruido durante las revueltas Irmandiñas. Incluido en la Lista Roja del Patrimonio, se puso a la venta hace unos años por 1,1 millones de euros, pero ahora su precio ha bajado notablemente, hasta los 750.000 euros.
Al igual que ocurría con las aldeas, las operaciones inmobiliarias en el caso de edificios históricos no suelen ser fáciles. A los problemas de titularidad se suman, en este caso, las normas de Patrimonio. La rehabilitación de este tipo de inmuebles tiene necesariamente que seguir unas rígidas pautas para que no pierdan su interés histórico. Pero, en ocasiones, estas restricciones no convencen a los compradores. «Algunas veces algún cliente se echa para atrás porque no puede hacer lo que quiere».
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2014/06/24/pazos-casas-senoriales-bienes-catalogados-bic/0003_201406G24P12992.htm#