El confinamiento genera un cambio de perspectiva en la gente, que tiende a buscar casa lejos de la ciudad y se anima a plantar el huerto, La gente quiere volver al campo, La “urgencia” por cambiar de vida. Por Marina Velasco
La gente quiere volver al campo
Elvira Fafian, gerente del portal Aldeas Abandonadas, especializado en venta de viviendas rurales, también ha notado esta tendencia. “Nosotros tenemos bastante demanda todo el año, pero es verdad que precisamente ahora hemos observado un repunte bastante importante”, afirma. “Llevamos unos 15 días o un mes que recibimos muchas peticiones de reservas online. Por el motivo que sea, la gente quiere dar un cambio a su vida. Se quieren marchar, se dan cuenta de que en la ciudad no encuentran lo que quieren”, sostiene. “La gente quiere volver al campo —recalca—; estamos viendo muchísimo cambio”.
La “urgencia” por cambiar de vida
El perfil de sus clientes es muy variado, desde “matrimonios y personas mayores” hasta “jóvenes autónomos que no saben hacia dónde va a ir su negocio, que quieren abrir otras empresas, invertir en otra manera de vivir, en otra calidad de vida”, explica Fafian. “También están los que soñaban con una jubilación tranquila en el campo y han decidido que el momento es ahora. Gente que huye de la masificación de las ciudades, que quiere hacer un cambio ya,
“Estamos atendiendo a muchos clientes que quieren reservar sin haber visto siquiera el lugar”, cuenta Fafian. “Preferimos que la gente vea las propiedades in situ”, explica, pero dado que las circunstancias lo impiden en estos momentos, los agentes inmobiliarios de Aldeas Abandonadas ofrecen desplazarse al lugar para dar a sus clientes más información, fotografías y vídeos. “Aunque no es nuestro trabajo habitual, estamos ofreciendo ese servicio extra”, señala. “Damos todas las opciones, porque a veces los clientes se precipitan y quieren reservar a toda costa”, asegura.
Hay gente que huye de la masificación de las ciudades, que quiere hacer un cambio ya, inmediatamente, sin esperar
De este modo virtual es como han gestionado estos días la petición de “un chico extranjero” decidido a reservar una propiedad en Asturias. “También nos llamaron hace unos días cuatro o cinco chicos que quieren invertir 200.000 o 300.000 euros en una propiedad, que no les importa desplazarse para ir a trabajar”, añade Fafian.
Del apartamento en la playa a la aldea abandonada
Con casi 40 años de experiencia trabajando por todo el país, Aldeas Abandonadas conoce de primera mano los cambios de tendencia que ha experimentado el sector inmobiliario en España. “Imagínate decir en los 80 que te dedicabas a vender pueblos y aldeas abandonadas”, exclama Fafian. “La gente entonces buscaba apartamentos en la playa y emigrar a las grandes ciudades, no lo contrario”.
En los últimos años, el panorama ha cambiado. El interés por lo rural ha crecido con el ‘auge’ de la España vaciada, con el fomento del turismo rural y de un nuevo estilo de vida más pausado, que apuesta por una vuelta a los orígenes y una alimentación orgánica y de productos de proximidad. La mejora de infraestructuras y telecomunicaciones, y la posibilidad del teletrabajo en algunos casos, también han contribuido a ello. La España rural ahora figura en los medios de comunicación de un modo distinto al que lo hacía años atrás. Los titulares ya no son (tanto) sobre los sucesos y tragedias que ocurren en los pueblos, sino sobre las demandas de este vasto territorio español, sobre las nuevas narrativas procedentes del ámbito rural, sobre la irrupción en política de movimientos que ponen voz a provincias olvidadas... Y sí, también sobre las listas de municipios más bonitos que ansían visitar los urbanitas.
El mundo rural antes suponía un desconocimiento total, mucha inseguridad, y ahora no
“En los últimos tiempos hemos notado más demanda en lo que es el ámbito rural, rural, alejado de las grandes ciudades. Hay gente que se compra una aldea: varias edificaciones con tierras donde pueden montar negocios o mudarse familias grandes, ya sea por jubilación, por un negocio que no ha encajado…”, señala Elvira Fafian. “Después están las casitas de pueblo, o los hotelitos con encanto, que se utilizan para vivir y para alquilar como casa rural”, explica. “En casi todos estos casos, la vivienda va aparejada con las tierras, porque la gente quiere cultivar sus productos agrarios en el mismo sitio, sin desplazamientos. Valoran muchísimo el negocio de cercanías, y es un lujo tener una materia prima de calidad”, resume. Leer articulo completo























