"Un día fui a enseñarle una propiedad a un hombre; un ganadero que llevaba sus animales a pastar bloqueó el camino. El cliente me dijo: 'Si tengo que esperar una hora todas las semanas detrás de unas vacas igual no es para mí'", cuenta Elvira Fafian, de la inmobiliaria Aldeas Abandonadas. Prensa
La anécdota sirve para ilustrar lo que parece una obviedad, pero que no siempre se tiene en cuenta: la vida rural no está hecha para todo el mundo que tenga en el asfalto, los bloques de edificios y las comodidades urbanas su ambiente propio. Y es que los llamamientos a repoblar la España (y la Galicia) vaciada a veces se tropiezan con una mala gestión de las expectativas. "Vender una aldea es muy fácil, lo importante es que no se vayan en un año", sentencia. Seguir leyendo...























