Un rápido vistazo a las web especializada en la venta de bodegas como Aldeas Abandonadas, de ámbito nacional, muestra en torno a una docena de bodegas en venta con precios de entre algo menos de un millón y 3,6 millones de euros y con capacidad para elaborar hasta un millón de litros de vino, entre otras. Prensa El día de la Rioja.

Desde Aldeas Abandonadas, Elvira Fafián, responsable de esta inmobiliaria, que tiene una división dedicada a la compraventa de bodegas, constata que hay negocios en venta por cierre y otros, de tamaño reducido y carácter familiar, aunque con cierto renombre y tradición en el sector, que no tienen músculo financiero suficiente para actualizarse e innovar para afrontar el futuro. «Muchas son bodegas heredadas de padres o abuelos y que se venden por menos de 500.000 euros», comenta Fafián.
En el caso de bodegas de alto nivel, las expectativas de precio de los vendedores son difíciles de cumplir. Además de rentabilidad demostrable, los inversores que acuden a Aldeas Abandonadas buscan propiedades con capacidad y posibilidad de explotar además un hotel u otras formas de turismo vinculado al vino.
Sin enoturismo no hay trato. «Las que no pueden hacer enoturismo no se venden», resume la responsable de esta inmobiliaria, que reconoce que además de los anuncios que aparecen en su web, entre su clientela hay también en torno a cuatro ventas «aparcadas» de bodegas de Rioja de entre 500.000 y un millón de euros, ya que sus dueños, «gente conocida en la zona», no quieren publicitarse directamente en internet.
En su caso, el interés por comprar firmas vitivinícolas grandes con posibilidades enoturísticas viene principalmente del extranjero, de estadounidenses y chinos, estos últimos en busca de negocios ya montados y en pleno funcionamiento y de alto nivel. «Son muy exigentes, miran con detalle la zona, la calidad del viñedo y una marca reconocida, y regatean mucho. Las ventas son procesos largos y laboriosos que llevan meses de negociaciones», comenta Elvira Fafián, que concluye que quienes peor lo tienen son los dueños de negocios familiares de escasa rentabilidad.
En algunas de las operaciones de venta que ha gestionado Aldeas Abandonadas, principalmente a inversores extranjeros ajenos al mundo vitivinícola, se pone como condición que los actuales propietarios permanezcan en la bodega uno o dos años para aportar su conocimiento y asegurar una transición con garantías.
Desde Aldeas Abandonadas, Elvira Fafián, responsable de esta inmobiliaria, que tiene una división dedicada a la compraventa de bodegas, constata que hay negocios en venta por cierre y otros, de tamaño reducido y carácter familiar, aunque con cierto renombre y tradición en el sector, que no tienen músculo financiero suficiente para actualizarse e innovar para afrontar el futuro. «Muchas son bodegas heredadas de padres o abuelos y que se venden por menos de 500.000 euros», comenta Fafián.
En el caso de bodegas de alto nivel, las expectativas de precio de los vendedores son difíciles de cumplir. Además de rentabilidad demostrable, los inversores que acuden a Aldeas Abandonadas buscan propiedades con capacidad y posibilidad de explotar además un hotel u otras formas de turismo vinculado al vino.
Sin enoturismo no hay trato. «Las que no pueden hacer enoturismo no se venden», resume la responsable de esta inmobiliaria, que reconoce que además de los anuncios que aparecen en su web, entre su clientela hay también en torno a cuatro ventas «aparcadas» de bodegas de Rioja de entre 500.000 y un millón de euros, ya que sus dueños, «gente conocida en la zona», no quieren publicitarse directamente en internet.
En su caso, el interés por comprar firmas vitivinícolas grandes con posibilidades enoturísticas viene principalmente del extranjero, de estadounidenses y chinos, estos últimos en busca de negocios ya montados y en pleno funcionamiento y de alto nivel. «Son muy exigentes, miran con detalle la zona, la calidad del viñedo y una marca reconocida, y regatean mucho. Las ventas son procesos largos y laboriosos que llevan meses de negociaciones», comenta Elvira Fafián, que concluye que quienes peor lo tienen son los dueños de negocios familiares de escasa rentabilidad.
En algunas de las operaciones de venta que ha gestionado Aldeas Abandonadas, principalmente a inversores extranjeros ajenos al mundo vitivinícola, se pone como condición que los actuales propietarios permanezcan en la bodega uno o dos años para aportar su conocimiento y asegurar una transición con garantías.