Un cambio a mejor “Vendí un piso de 50 metros cuadrados en La Soledad, sin ascensor en una finca antigua y con problemas a nivel vecinal. Con lo que saqué, me he comprado una casa de dos plantas en el campo, con jardín, sin vecinos y con vistas al río y a la montaña”, relata Narciso Marcos, mallorquín de 48 años. Por su parte, Elvira Fafián es responsable de Aldeas Abandonadas, una inmobiliaria singular, con un perfil rural y cercano que opera al margen de los grandes portales “con la satisfacción de dar vida a las aldeas, porque no todo es avaricia”. En Aldeas Abandonadas Inmobiliaria ofrecen desde aldeas hasta castillos, monasterios o molinos en zonas despobladas que necesitan atraer residentes. “Está llegando mucha gente de Mallorca: jóvenes, parejas, jubilados y familias con una posición social alta para tener su propio negocio o diversificar el que ya tienen.
Algunos miran no una aldea entera, pero sí pequeños núcleos con varias edificaciones y tierra, para hacer actividad turística, sobre todo en la zona de Lugo. Aquí se encuentran propiedades por menos de 100.000 euros”, apunta. Fafián recibe a mallorquines que cogen un vuelo a Galicia para visitarlas. “Yo les pregunto el porqué y argumentan que por la masificación turística, el calor y porque allí todo tiene un valor incalculable. Buscan cosas con un perfil diferente al que existe en la isla y vienen con ideas. Para nosotros es bueno que los nacionales vengan a conocer Galicia, a comprar y a empadronarse”
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